El título juega con una ambigüedad, o más bien esconde una pista. En griego, el comando "come" (fáe) suena como una orden de alimentarse, pero también como las palabras tiernas que ofreces a un ser querido para que cuide de sí mismo. Efthimios Moschopoulos se inspira en sus recuerdos de infancia vinculados a la comida: recoger sal de las rocas, recolectar aceitunas, hacer pasta de tomate, plantar, trenzar cebollas, caminar los mismos senderos cada día para alimentar y dar agua a las ovejas. Como si estuviera preparando una mesa festiva, construye un confesionario rústico donde la dulzura y la dureza de la vida campesina se mezclan — la soledad, la lucha por asumir su identidad queer entre su propio pueblo siendo adolescente, la necesidad de expresarse y el despertar del deseo.
En el altar de la danza, el cuerpo del performer se entrega y cuenta su historia con gran ternura. Carismático, se convierte alternativamente en animal, planta, piedra, una criatura primitiva o quimérica — un fauno perdido en sus ensoñaciones. Combinando un solo habitado con los gestos de un artista visual, este banquete de memoria resulta sensual y reflexivo, poético y profundamente conmovedor.