La esperábamos, ¡pero no en este tipo de terreno! Desde P=mg (2013), un primer solo que ganó nueve premios internacionales, Jann Gallois, codirectora de Agora, se ha dado a conocer por un trabajo de danza riguroso, muy construido y lleno de energía — un estilo enraizado, a veces musculoso. Su nueva pieza, Imminentes, hace exactamente lo opuesto. Todo comienza suavemente: dos intérpretes se reúnen, giran, se rozan con gran delicadeza, como un eco de la frase de Paul Valéry, "Lo más profundo en un ser humano es la piel". De ahí la pieza se mueve en ondas continuas, ganando lentamente velocidad e intensidad alrededor de la imagen del círculo — el mismo que Matisse alguna vez pintó.
Con la partitura original de Patrick De Oliveira, seis bailarines llenan el espacio sin pausa, en un largo crescendo. Gestos fluidos, cabezas ligeramente tocadas, tensiones que se aflojan: la danza se vuelve íntima y tranquila, una especie de suave hermandad, sin postura militante, casi espiritual. Inspirándose en la influencia budista, Jann Gallois busca una armonía interior construida sobre la repetición y el compromiso físico. La acumulación lleva a un final de frente a frente, pero sin rivalidad, afirmando un verdadero "poder de la dulzura". El elenco compuesto únicamente por mujeres se aleja de los códigos usuales de seducción: Imminentes muestra una verdadera madurez coreográfica, libre de ingenuidad o idealismo fácil. Muy esperada, Jann Gallois — y muy presente.